20 dic 2012

Es necesario fortalecer el sindicato de los docentes universitarios

Mariana Olea


A partir de los ’90 surge un nuevo paradigma en cuanto a la relación existente entre las UUNN, el Estado y la Sociedad. Se crearon instituciones específicas orientadas a la evaluación y acreditación de carreras, la jerarquización y evaluación de los investigadores de las UUNN a través del Programa de Incentivos y la implementación de programas de financiamiento selectivos y condicionados cuya verdadera misión era, en realidad, articular el proceso de adaptación del sistema a las exigencias del Banco Mundial. Esta política se combinó con la desfinanciación de la educación pública que permitió, entre otras cosas, la expansión acelerada de la educación privada.

Todos estos cambios se inscribieron, a su vez, en la llamada “reforma del Estado”, impulsada por los acreedores internacionales y sus representantes (Banco Mundial, FMI) y aplicada sin reparos por los sucesivos gobiernos nacionales. La Ley de Educación Superior 24.521 (promulgada en 1995 y aún vigente) planteó un rediseño del sistema basado en la competencia entre universidades, unidades académicas y docentes. Como consecuencia más grave, exigió la adecuación de los estatutos por parte de las universidades, relativizando principios fundantes como la autonomía universitaria y la gratuidad de la educación. Como mecanismos de disciplinamiento necesarios para imponer estas nuevas reglas de juego se recurrió al financiamiento sujeto a condicionalidades y a la cooptación de las autoridades universitarias.

Este entramado de normas y la orientación a la que está subordinada no se han modificado, más allá de los cambios de gobierno que se han ido sucediendo. También gozan de plena vigencia los argumentos respecto a la perenne (y aparentemente incuestionable) escasez de fondos que subyace a los magros sueldos, los docentes contratados, la falta de promociones, los devaluados y retrasados pagos del Programa de Incentivos y otras tantas situaciones que condicionan fuertemente nuestro desarrollo como docentes e investigadores universitarios.
Pero esta política de ajuste y control sobre las universidades es rechazada por la amplia mayoría de los docentes. En los últimos años nuestra organización sindical nacional, la ConaduH, ha encabezado grandes luchas como la que condujo al blanqueo total de nuestro salario en 2005 o como la que consiguió la promulgación de una ley jubilatoria especial que contempla el 85% móvil.

Los sucesivos gobiernos desde 2003 no han dado satisfacción a la mayoría de nuestros principales reclamos; continúa la precarización, los salarios son bajos, existe una escasez agobiante de recursos para garantizar la expansión de la planta de docentes e investigadores, falta transparencia y democracia en el funcionamiento de los departamentos y órganos de gobierno. Con esto se refuerza la necesidad de fortalecer la organización gremial en cada lugar de trabajo y de luchar contra toda tendencia a su burocratización,  o a su cooptación por parte del gobierno y de las autoridades universitarias.